SIETE MUJERES, SIETE IGLESIAS
- Francisco Acevedo Hernández
- Dec 20, 2018
- 19 min read
Updated: Dec 20, 2018
“Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” (Isaías 4: 1).
LA MUJER COMO SIMBOLO DE LA IGLESIA
Muchos estudiosos de las Sagradas Escrituras, dentro del marco de la Teología Bíblica y de la Tipología, están de acuerdo en que la mujer es símbolo (tipo) de la Iglesia. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis se puede observar este símbolo. Empezando a leer las Escrituras, en el primer libro, en Génesis, capítulo 3, verso 15, ya vemos a la mujer actuando como figura de la Iglesia, aparece la Iglesia (el Cuerpo de Cristo) escondida en una mujer como símbolo. Sentencia Dios a Satanás (la serpiente, el dragón, el adversario): “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.Y en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, se lee: “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apoc. 12: 17). Ahí está el escenario de la enemistad, el escenario de la guerra. Recordemos que el Apóstol Pedro describe al diablo (satanás, dragón, serpiente) como el enemigo de la Iglesia, del creyente: “vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…” (1 Ped. 5: 8). En la mitad de la Biblia, en el libro de los Salmos, David recuerda proféticamente esta sentencia de enemistad: “Ciertamente, Jehová herirá la cabeza de sus enemigos…” (Salmo 68: 21). Obviamente que David está hablando aquí de Satanás y sus demonios. Es un recuerdo con una proyección futura señalada en Apocalipsis, como hemos leído (Apoc. 12: 17).
LA SIMIENTE DEL DIABLO Y LA SIMIENTE DE LA MUJER.
La SIMIENTE del diablo es la mentira. El diablo es padre de mentira. La mentira es su hija. Dijo Jesús a los líderes religiosos judíos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8: 44). Ahí está, pues, descrito el perfil del diablo. Pablo le recuerda a Timoteo la palabra engañosa de la serpiente (el diablo), registrada en Génesis 3, y le dice: “Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Tim. 2: 14). O sea que el diablo engañó a Eva. Este diablo engañador es señalado como tal en Apocalipsis: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”. (Apoc. 12: 9). En conclusión, la simiente del diablo es la mentira y él engendra mentira. La simiente de la mujer, de la Iglesia, es la Verdad, es el Hijo de Dios: JESUCRISTO, simiente anunciada, como hemos visto en el libro del Génesis. Allí se anuncia una guerra, una batalla, una pelea entre enemigos observada en toda la Biblia: “Y pondré enemistad entre ti (diablo) y la mujer (Iglesia – Cuerpo de Cristo) y entre tu simiente (la mentira) y la simiente suya (la verdad, Cristo)”.
LA MUJER COMO SÍMBOLO DE LA NACIÓN DE ISRAEL
En el Antiguo Testamento o Antiguo Pacto encontramos la figura de la mujer tomada como símbolo para expresar algunos significados: novia, esposa, mujer estéril, mujer fértil, mujer productiva, mujer fiel, mujer infiel, etc. Con estos términos se comunica una enseñanza espiritual. En el capítulo 16 del libro de Ezequiel, se define a Jerusalén como una esposa infiel, una mujer (ciudad-nación) que Dios escogió para pactar, para establecer una alianza y relacionarse con ella como un esposo se relaciona con su esposa. Pero esta mujer-ciudad (Jerusalén), después que Dios la escoge, la limpia, la hermosea, la llena de bendiciones, la dignifica y la pone como ejemplo de prosperidad delante todas las naciones, ella se corrompe y cae en infidelidad con sus adulterios y fornicaciones con otras naciones vecinas. Con su actitud y conducta perversa rompe la alianza con Dios, lo deja y se va detrás de otros amores: idolatría y creencias de otras naciones. Así se pervierte y prostituye, se convierte en una mujer infiel. “Confiaste en tu hermosura y te prostituiste a causa de tu renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron; suya eras” (Ez. 16: 15).
A raíz de esta infidelidad, la imagen de Jerusalén-esposa se convierte en la de una prostituta. Esta figura de mujer infiel se extiende a Israel y Judá. Esto se puede observar claramente en todo el libro de Oseas, sobre todo en los capítulos 1 y 2. Usted puede leer ahí que Gomer, prostituta y esposa infiel de Oseas es usada como imagen y símbolo de la nación de Israel prostituida, quien se fue detrás de las creencias e ídolos de otras naciones para traicionar a su esposo fiel, Jehová Dios. El Apóstol Santiago en su carta universal, advierte al pueblo de Dios sobre los atractivos del mundo que nos pueden prostituir y desviar del Camino, yéndonos hacia otros amores y hacernos caer en adulterio espiritual: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4: 4).
Aunque la nación (mujer) de Israel es infiel, Dios que es fiel y cumple su pacto, la anhela celosamente, la perdona y vuelve con ella. Al final del libro de Oseas, en el capítulo 14 se expresa el arrepentimiento de Israel y la misericordia de Dios que por su gracia la perdona y la recibe: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos” (Oseas 14: 4).
LAS FIGURAS DE NOVIA (DESPOSADA) Y ESPOSA EN LA BIBLIA
El término novia deriva de la palabra latina nova (nueva) que significa la nueva persona en la vida de alguien. Eva fue la nueva (novia) y la primera persona para Adán: “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Gen. 2: 22). En el Antiguo Testamento, los términos novia y esposa se usan como símbolos para representar la relación de Israel con Jehová su Dios y en el Nuevo Testamento representan la relación de Cristo con su Iglesia. La novia (la desposada) en el Antiguo Testamento es una mujer joven comprometida para casarse, por eso se usa el término “darse en casamiento”. El término novia no se usa mucho en el Antiguo Pacto, se usa más el “desposarse” o “darse en casamiento” que es un paso definitivo para la boda o casamiento. Se usa más el término esposa, aunque en Isaías 61: 10 se lee: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestidura de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como novia ataviada con sus joyas”.
LA IGLESIA, LA NOVIA-ESPOSA DE CRISTO
Algunos teólogos y estudiosos de la Biblia y de la cultura hebrea, prefieren usar el término esposa o mujer que el de novia para representar a la Iglesia como el Cuerpo de Cristo. Pero, podemos usar indistintamente cualquiera de estos términos (novia, desposada, esposa, virgen, mujer) como tipos para indicar la relación de Cristo con su Iglesia. Los desposados se consideran esposos. En el verso 9 del capítulo 21 del Apocalipsis, un ángel le muestra al Apóstol Juan la nueva Jerusalén diciéndole: “Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de Dios” (Apoc. 21: 9-10). Pablo le escribe a la Iglesia de Corinto: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como a una virgen pura a Cristo” (2 Cor. 11: 2). En el capítulo 5 de Efesios, se toma como modelo la relación marido-mujer para comparar la relación de Cristo con la Iglesia, su mujer-esposa: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5: 24-28).
Todo el libro de Cantares es un poema alegórico que nos presenta las relaciones ideales entre los esposos, es decir, entre Dios y su pueblo, entre Cristo y su Iglesia. Es muy hermoso oír las palabras que usa el esposo (Salomón representando a Cristo) para referirse a su esposa (la sulamita representando a la Iglesia) y oír también las palabras de la esposa (la sulamita) dirigidas a su esposo (Salomón): “A quien ama mi alma”, “mi hermosa entre las mujeres”, “la más hermosa entre las mujeres”. El esposo Salomón usa términos como: amiga mía, hermana mía, amada mía, esposa mía… va como usando niveles de relación amorosa. Y ella usa expresiones como: corso, cervatino, “mi amado es mío y yo suya”. Salomón le dice: “Toda tú eres hermosa, amiga mía, en ti no hay mancha” (Cantares 4: 7). Es la misma característica que Cristo exigía y exige de su Iglesia: “Una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5: 27). El capítulo 5 de Cantares, versos del 11 al 16, describe el Cuerpo de Cristo: “Su cabeza como oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo. Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, que se lavan con leche, y a la perfección colocados. Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. Sus manos, como anillos de oro engastados de Jacintos; su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros. Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino; su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalén”. He ahí, pues, una hermosísima descripción poética del Cuerpo de Cristo, un cuerpo hermoso sin par. Así debe ser la Iglesia del Señor, su amada, sin manchas (pecados), sin arrugas (costumbres y tradiciones de hombres, odres viejos). El Salmo 133 describe también el precioso Cuerpo de Cristo desde la cabeza hasta los pies, utilizando como símil la vestidura sacerdotal de Aarón. ¿Es así la Iglesia de hoy? ¿Podrá el Señor decir a la Iglesia de hoy: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa”? (Cant. 4: 1). ¿Hoy acepta el Señor una Iglesia con manchas y con arrugas, contaminada con el mundo, con el sistema de cosas de la cultura? En este libro de Cantares, Salomón habla de sus muchas mujeres, pero él tiene una preferida, una perfecta que es la que ama su alma: “Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin números; Mas una es la paloma mía, la perfecta mía” (Cantares 6: 8-9). Recordemos que, dentro de la cultura poligámica de la época, Salomón tuvo setecientas (700) esposas –mujeres reinas- y trecientas (300) concubinas, según se registra en el libro de Reyes: “Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moad, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas y trecientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón…” (1 Reyes 11: 1-11). ¿Qué significa toda esta información? Significa que hay miles de iglesias que se presentan como esposas-mujeres de Cristo, pero no lo son porque no aplican, están contaminadas, no son puras, están mezcladas con otras doctrinas. Sin embargo hay una iglesia perfecta, una sulamita (sin manchas y sin arrugas) que es la preferida de Cristo: aquel remanente que no se contamina.
SIETE MUJERES, SIETE IGLESIAS
Hemos iniciado este mensaje citando al profeta Isaías (Is. 4: 1). Analicemos el texto. “Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo”. Ese hombre representa a Cristo y las siete mujeres hablan de siete iglesias, las siete iglesias señaladas por el Apóstol Juan en el Apocalipsis (capítulos 2 y 3). A cada una le envía un mensaje específico, iglesias ubicadas en Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Siete iglesias, ubicadas en el Asia Menor, que representan perfectamente las iglesias actuales con situaciones y contaminaciones similares. Con la frase “En aquel tiempo”, el profeta está señalando un tiempo futuro, o sea el tiempo de las primeras iglesias y el tiempo de las iglesias en la actualidad. “Nosotras comeremos nuestro pan”. Pan aquí se refiere a la doctrina de cada iglesia, el alimento doctrinal de cada una de ellas, sus enseñanzas, creencias, tradiciones y costumbres. Ellas hicieron un cambio de la sana doctrina, de la doctrina apostólica, a la doctrina de cada iglesia, de cada denominación eclesiástica. Ellas armaron sus propias doctrinas. La expresión “Nos vestiremos de nuestras ropas” habla de la cobertura o cubierta, de las vestiduras que arropan a cada mujer, a cada iglesia. Dice Pablo: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. (Ef. 4: 22-24). Ellas se vistieron con ropas distintas a la que Dios les dio, se vistieron con su propia justicia, con su propia opinión, con su propia sabiduría, mezcla de carne con espíritu, de Ley con Gracia, de verdad con mentira. Se dejaron penetrar por los pensamientos del mundo y del hombre. “Solamente permítenos llevar tu nombre”. O sea, son Iglesias cristianas, llevan el nombre de Cristo, pero no llevan la VIDA de Cristo, no comen el pan de vida que es Cristo, ellas comen su propio pan, se orientan con su propia doctrina. Cristo dijo: “Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6: 48-51 y ss). Pero hay iglesias que no están comiendo este “pan de vida”, están preparando y comiendo su propio pan con ingredientes distintos al pan de vida, (con levadura del mundo), alimentándose de su propia doctrina, de sus propias creencias, de sus propias prácticas religiosas, de sus tradiciones y llevan solamente el nombre de cristiana, colocan su identidad o nombre en la fachada de su templo: “Iglesia Cristiana…” Al lado de “Iglesia cristiana” ponen el apellido que identifica su denominación o congregación. Oprobio significa vergüenza, pecado. Al decir “quita nuestro oprobio”, estas mujeres-iglesias están diciendo: Aceptamos que nos has quitado el oprobio, la vergüenza, el pecado con tu sacrificio, pero hasta ahí. Aceptamos tu salvación, más nada. Sólo eso nos basta, nosotras añadimos otros ingredientes a tu salvación y armamos nuestra propia doctrina. En la actualidad hay más de 20.000 denominaciones cristianas en el mundo. Imagínese cuántas doctrinas de iglesias hay? Y cada doctrina marca la diferencia. La pregunta es: ¿Cuál es la Sana Doctrina? La Sana Doctrina es la que está contenida en la Biblia y que enseña Jesucristo y sus apóstoles (Doctrina Apostólica), sin ninguna enfermedad o contaminación externa (falsas doctrinas). Sus principales verdades son: Dios es Uno y Trino, Dios se encarnó en la persona de Cristo y por medio de él, se reveló a los hombres, quien por su sacrificio en la cruz, los perdonó y los salvó de la muerte eterna. Cristo murió, resucitó, ascendió, envió a su Espíritu y regresará (segunda venida) En resumen, Cristo nos redimió, nos justificó, nos santificó y nos glorificó (1 Cor. 1: 30 y Rom. 8: 29: 30). Los primeros cristianos “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hech. 2: 42). El Apóstol Juan que veía venir falsas doctrinas a la Iglesia, dijo: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 8). Pablo ve lo mismo y escribe: “Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Tim. 4: 3-4). Eso pasó en las primeras iglesias y está pasando en las de hoy.
¿Qué pasó en la Iglesia de ÉFESO? Esta Iglesia estaba formada en su mayoría por creyentes de origen gentil (no-judíos), griegos, gente venida de la idolatría, del culto a la diosa Diana (Artemis o Artemisa) e influenciada fuertemente por la filosofía griega, sobre todo por el Gnosticismo (o Nosticismo) que es una doctrina con una mezcla de religiones y filosofías antiguas. Los gnósticos se mezclaron también con el cristianismo y elaboraron su propia doctrina de la salvación, de la creación y de Cristo (Cristología). En Hechos 20: 26-30, Pablo les advierte a los Ancianos (Presbíteros) de Éfeso que después de su partida entrarían en medio de ellos falsos hombres de Dios (lobos rapaces) que iban a causar destrozos en el rebaño y que iban a enseñar herejías para desviar a los creyentes hacia falsas doctrinas y llevarlos a dejar su principal amor: JESUCRISTO. Por eso Juan dice: “tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (agapen proten: amor principal) (Apoc. 2:4). La Iglesia de Éfeso había dejado su “principal amor” y había tomado falsas doctrinas y herejías. Los judaizantes y los gnósticos (o nósticos) invadieron la Iglesia con sus enseñanzas. Los gnósticos traían su filosofía griega y la mezclaban con el cristianismo, con la doctrina cristiana y la contaminaban totalmente. Los judaizantes estaban mezclando la Ley judía con la Gracia. Los líderes ofrecieron el púlpito a falsos apóstoles, a falsos maestros y a falsos profetas. Entró así la confusión. Hoy se presenta la misma situación. La Iglesia se está dejando penetrar y engañar por falsas creencias, herejías, filosofías y huecas sutilezas. Pablo escribe a los colosenses: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col. 2: 8). ¿Qué pasó en ESMIRNA? Esta Iglesia no es evaluada negativamente por el Señor. El Señor le da ánimo ante su pobreza y sus tribulaciones por la acción de los líderes judaizantes. ¿Qué pasaba en PÉRGAMO? La ciudad de Pérgamo era un gran centro cultural con una gran biblioteca y llena de obras de arte, región muy religiosa con templos y sitios para adorar al dios Esculpano (serpiente) y a otros dioses griegos (Zeus, Atenea y Dionisos) incluyendo al emperador romano. Pérgamo era sede en Asia Menor de la religión oficial del estado. Había una perfecta unión entre política imperial y religión pagana. Dicha religión era satánica, por eso Juan dice que allí mora Satanás y allí está su trono. La Iglesia en Pérgamo tuvo que enfrentar esa realidad espiritual y política, sufrir la cruel persecución del emperador Domiciano (Tito Flavio Domiciano) quien gobernó al imperio del 81 al 96 d.C. Algunos creyentes como Antípas, (“testigo fiel”) sufrieron el martirio: “… y matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” (Lc. 21: 16-17). Uno de los señalamientos que hace el Apóstol Juan a esta Iglesia es que mantenían la doctrina de Balaam que “enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos y a cometer fornicación” (Apoc. 2: 14). Había allí ministros que enseñaban esa doctrina, doctrina distinta a la sana doctrina cristiana. También retenían la doctrina de los nicolaítas. No se trata de alguien llamado Nicolás que enseñaba una doctrina, como algunos creen. El término nicolaita se compone de dos palabras griegas: NICO que significa conquistador, dominante, intimidador, manipulador, prepotente señor y LAOS que significa pueblo, de allí se deriva la palabra LAICO. Esta doctrina enseñaba la sumisión del pueblo a los líderes, para ello usaban la intimidación y la manipulación, destacando la importancia del gobierno de los líderes. Los líderes imponían cargas y enseñanzas a los creyentes en vez de apacentar la grey de Dios, no teniendo señorío sobre ella. Dice el Apóstol Pedro: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplo de la grey” (1 Ped. 5: 1-3). Esa doctrina partió de Pérgamo y de Éfeso y lamentablemente corrió a través de la historia de la Iglesia, estableciéndose como sistema de gobierno eclesiástico. De allí surgió una capa socio-religiosa llamada CLERO, claramente diferenciada del pueblo (laos), de los laicos. Hoy también vemos la misma situación en muchas iglesias, sometidas, esclavizadas por estas doctrinas, iglesias donde han penetrado la idolatría, la inmoralidad sexual, la corriente del mundo y esto es aceptado como normal. Y en TIATIRA, cuál es el problema? Esta Iglesia tenía el mismo problema espiritual y moral que la Iglesia de Pérgamo: idolatría y fornicación. Una mujer, Jezabel, que se decía profetisa, enseñaba y seducía a los creyentes a la fornicación e idolatría. Y en la Iglesia de SARDIS ¿qué estaba sucediendo? La Iglesia de Sardis estaba muerta y otra parte de ella estaba moribunda. La Iglesia de Sardis vivía de apariencias pero realmente estaba muerta. Ella VIVÍA de prédicas, programas y actividades pero en lo relacionado con Cristo, era una Iglesia muerta. En el libro del profeta Isaías se lee: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (Is. 29: 13). Sardis era como esos maniquíes puestos en las vidrieras de los negocios que lucen muy hermosos por su apariencia, pero no tienen vida. Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida” (Jn. 10: 10). Esta gente había perdido la VIDA de Jesús, porque había perdido la fe y se movía por su alma y sus emociones. Por eso en parte se había muerto y en parte se estaba muriendo. Recordemos a Pablo que afirmó: “El justo por la fe vivirá” (Rom. 1: 17) y en otra parte dice: “Por fe andamos, no por vista” (2 Cor. 5: 7). Como hemos dicho, Sardis vivía de apariencias, de vista, pero espiritualmente estaba muerta, como muchas iglesias de hoy. Sin embargo, en Sardis, un grupo pequeño, una “pequeña manada” llevaba una vida de separación del mundo pagano, de la idolatría y de la carne. Había un remanente que se guardaba para el Señor, personas que no habían manchado sus vestiduras: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas” (Apoc. 3: 4). Las referencias a vestiduras aluden a la industria principal de Sardis: la confección y tintura de vestidos de lana que le dio gran desarrollo económico y gran fama. La Iglesia se involucró en todo eso, se dedicó afanosamente al trabajo textil, se distrajo demasiado y se deslizó de la fe. Sin embargo ella fue quebrantada y surgió nuevamente, desde el remanente, como centro cristiano.
¿Y qué estaba pasando en la Iglesia de FILADELFIA? La Iglesia de Filadelfia no es objeto de reprensión por parte del Señor. Era una Iglesia muy parecida a la Iglesia de Esmirna. El Señor le dice a la Iglesia de Filadelfia: “Aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Apoc. 3: 8). Ella enfrentaba a los judaizantes, a los que querían mezclar la Ley con la Gracia, es decir a los mentirosos. Era una Iglesia de FE que con su poca fuerza retenía con firmeza la palabra de la verdad de Dios: JESUCRISTO. Y en la iglesia de LAODICEA qué estaba pasando?
LAODICEA era la ciudad más rica de Frigia en el Asia Menor. Fue muy próspera por su industria textil y su comercio de lana (lana negra) y algodón. Poseía un centro bancario para financiar la industria textil, el comercio y la medicina. Tenía un famoso centro médico oftalmológico de renombre y producía cremas y colirios. También desarrolló la agricultura y la ganadería. Sus ricos suelos producían el mejor pasto para la cría de ovejas, de donde salía la lana, especialmente la lana negra. Tenía un centro cultural donde se estudiaba el pensamiento filosófico griego. Era un centro religioso donde, por la mezcla de política y religión, se adoraba a los dioses Zeus, Apolo, Esculapio y al Emperador. Además era una base militar importante. En esta iglesia no hubo persecución como en las otras, ni había graves herejías, lo que había era una tibieza general y una indiferencia espiritual. Ese era su problema. Por razones hidrográficas, su agua llegaba tibia porque una parte venía de zona helada y otra parte venía de zona térmica, muy caliente, y se encontraban en un lugar donde se volvía tibia y producía vómitos al ser tomada. De esa condición física, el Apóstol toma la idea de tibieza: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses tibio o caliente! Pero por cuanto eres tibio te vomitaré de mi boca” (Ap. 3: 15-16). La tibieza, su mezcla, la hizo popular porque era una iglesia LIGHT, como diríamos hoy, que no estorbaba a sus miembros ni a la sociedad ni a la política. No producía alboroto. Ante Pilato, los principales sacerdotes acusaron a Cristo, diciendo: “ALBOROTA al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí” (Lc. 23: 1-5). En Laodicea no había enseñanza de la sana doctrina cristiana. El Señor le está diciendo a Laodicea: Ojalá fueses caliente con el poder del Espíritu Santo. Sólo tienes organizaciones, programas, comités, actividades y tradiciones de hombres, pero nada del Poder del Espíritu Santo. “Tú dices: yo soy rico, y me he enriquecido, y no sabes que tú eres desventurado, pobre y desnudo” (Ap. 3: 17). Aquí el Señor está denunciando la teoría, teología o doctrina de la prosperidad, la confusión de la riqueza económica con la riqueza espiritual. Esta doctrina está hoy guiando a muchas iglesias donde usted puede oír desde el púlpito: “Tú estás diseñado para ser rico y próspero”, “tú no eres pobre ni naciste para ser pobre”, “Dios te quiere rico, lleno de bienes, no pobre” (económicamente). Evidentemente que esta es una doctrina de hombres justificada con textos bíblicos distorsionados, fuera de contextos y manejados con términos traídos de la metafísica esotérica y con animación psicológica que toca tu capacidad mental y talentosa para animarte y motivarte a prosperar en los negocios y hacer dinero. Si piensas así y, en consecuencia, actúas conforme a esa doctrina, “tú eres desventurado, pobre y desnudo”, te dice el Señor. Esta iglesia, sumida en la prosperidad de la ciudad de Laodicea, era económicamente rica, jactanciosa, pero espiritualmente tibia, ella mezclaba las falsedades del diablo con las verdades del evangelio y así estaba cómoda, ni fría ni caliente: tibiecita, cubierta con su abrigo de lana negra. Una iglesia así será vomitada de la boca de Dios. Pero, en una iglesia con las características que hemos visto en estas siete iglesias del Asia Menor, siempre hay un remanente santificado, separado, que sólo escucha lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Una Iglesia así no puede ser engañada porque discierne las doctrinas de hombres y de demonios (vientos de doctrinas). En este contexto, ¿Dónde te ubicas tú y tu iglesia, mi estimado Ministro, Sacerdote, Apóstol, Evangelista, Profeta, Pastor, Maestro? ¿Está afectando a tu Iglesia algunas de estas doctrinas que estaban instaladas en las primeras iglesias establecidas en Asia Menor? Hoy han penetrado a las iglesias cristianas esas mismas doctrinas pero con otros nombres que empujan a la Iglesia hacia la apostasía. ¿Cuáles son esas doctrinas?: La doctrina de la prosperidad, la doctrina de la palabra de fe o Confesión Positiva (“declárelo”, “decrételo” (Metafísica esotérica), La caída en masa o “tumbadera”, La doctrina del Dominionismo (el gobierno de la iglesia en la esfera política-secular), el Legalismo, el Nicolaísmo (sólo el pastor tienen la absoluta autoridad en la Iglesia), doctrina de Jezabel (el liderazgo y gobierno de las mujeres en la Iglesia -matriarcado congregacional-), doctrina de las maldiciones generacionales, doctrina de la autoestima (“saca el campeón que hay en ti”) etc. Estas falsas doctrinas componen el vino con que la ramera de Babilonia (Babilonia la Grande) está embriagando a muchas iglesias hoy (Apocalipsis, capítulos 17 y 18). Estas falsas doctrinas están operando ya en muchas Iglesias para contaminarlas y desviar su visión de JESUCRISTO, doctrinas originadas en la simiente (la mentira) del diablo, no en la simiente (Cristo) de la mujer-Iglesia.
Saludos y bendiciones.
Francisco ACEVEDO. Maturín, Venezuela. Junio 2017.

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