Como es sabido, la Biblia usa una serie de símbolos, parábolas y figuras del mundo natural para nuestra enseñanza espiritual. Así, en la carta a los Hebreos, al hablar del Tabernáculo, se dice que “es símbolo para el tiempo presente…” (Hebreos 9: 9) y que el Tabernáculo es figura de Jesucristo (Heb. 9: 23-24). Y Pablo afirma: “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron…” (Rom. 15: 4). Con estas palabras de introducción, vamos a estudiar una porción de las Escrituras en Segunda de Crónicas, capítulo 20, donde se describe la victoria de Israel sobre Moad, Amón y los hijos de Seir. Son tres enemigos naturales del pueblo de Israel que enseñan sobre nuestros enemigos espirituales: Mundo, Demonio y Carne. En 2da. de Crónicas, cap. 20, versos del 1 al 30 hay una gran enseñanza espiritual para el creyente del tiempo presente. En el verso 10 se describen los enemigos de Israel, los cuales se pusieron de acuerdo para atacarlo: “Los hijos de AMON y de MOAD, y los del monte de SEIR”. Cuando Israel se humilló delante de Dios y escuchó su dirección, estos enemigos fueron derrotados. Estos personajes tienen un significado en nuestra lucha espiritual. “los hijos de Amón” representan el mundo y sus deseos, “los hijos de Moad” simbolizan a Satanás y sus demonios y los “hijos de Seir” son figuras de la carne y sus obras.
LOS HIJOS DE AMON (representan el mundo y sus deseos). AMON representa al mundo. Amón es el nombre de varios reyes, pero uno de estos reyes presenta las mismas características del mundo: vanidad, mentira, idolatría, soberbia, riquezas, arrogancia…, todo lo cual produce aflicción y angustia. En el libro de Ezequiel se indican algunos rasgos de Amón: oprobio, vanidad y mentira (Ez. 21: 28-29). En 2 Crónicas 33: 21-23 se señalan otras características de Amón: idolatría y soberbia (no se humilló delante de Dios). En 2 de Crónicas 18: 25-26 se relata la conducta de Amón como un poderoso gobernador que se complacía en afligir y angustiar (“con pan de aflicción y agua de angustia”). Salomón describe al mundo (Amón) como vanidad y aflicción de espíritu (Ecl. 1: 14) y Jesús dice que las riquezas del mundo producen aflicción, conclusión a la cual llegó después de hablar con el joven rico que se negó a seguirle (Marcos 10: 17-24). Por eso Jesús dice a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn. 16: 33). Lo venció con la cruz, con la cual debe luchar y vencer el cristiano (Gal. 6: 14). De manera que la lucha contra la aflicción es en el mundo. Y tenemos que luchar contra el mundo y sus deseos porque no somos del mundo, no somos de Amón. “No sois del mundo” nos dice Jesús (Jn. 15:18-19). Santiago nos recuerda que la amistad del mundo es enemistad contra Dios y que cualquiera que quiera ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios (Sant. 4:4). De manera que el mundo es mi enemigo y como tal tengo que tratarlo. El Apóstol Juan nos aconseja: “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Jn. 2: 15-17). Recordemos que “el mundo entero está bajo el maligno”, bajo Satanás (1 Jn. 5: 19): el gran enemigo de Dios y los creyentes.
LOS HIJOS DE MOAD (representan a Satanás y sus demonios) MOAD es un guerrero, un enemigo natural de Israel, que simboliza a Satanás o Diablo en el terreno espiritual. Es el enemigo número uno de Dios y del cristiano, así lo llama el Apóstol Pedro: “vuestro adversario el diablo” (1 Ped. 5: 8). ¿Cuál es el origen de MOAD? Y cuál es el origen de Satanás? Ambos tienen el mismo origen: el CAOS, el desorden. MOAD es el resultado de un desorden en su origen natural, de un desorden moral, desorden sexual, de un incesto, es el hijo de Lot con su hija mayor. Desorden moral adquirido en Sodoma. “Y dio a luz la (hija) mayor de Lot un hijo, y llamó su nombre MOAD” (Gen. 19: 37). El relato de las relaciones sexuales de Lot con sus hijas pueden leerse en Génesis 19: 30-38. Satanás también se origina en el caos y el desorden, quiso ser semejante al Altísimo (Is. 14: 14), quiso desordenar las cosas establecidas por Dios, el orden de Dios y se convirtió en desorden y caos; y eso es lo que hace: desordenar (Jn. 10: 10). Su lugar es el caos, el abismo (Is. 14: 15). ¿Cómo es MOAD y cómo es Satanás? Moad y Satanás tienen las mismas características, el mismo perfil de personalidad: Soberbio, arrogante, orgulloso, altivo, altanero de corazón, colérico, jactancioso, inicuo, enaltecido, y lleno de maldad… Estos rasgos de personalidad pueden verse en: Is. 14: 11-15, Jer. 48: 29-30, Ez. 28: 13-17. ¿Cómo actúa Moad y cómo actúa Satanás? Moad actúa con sus soldados y Satanás con sus demonios, ellos operan en multitud: “Contra ti viene una gran multitud” (2 Cron. 20: 2). En Efesios 6: 12 se describen como “principados, potestades, gobernadores de las tinieblas, huestes espirituales de maldad”… Conforman un comando de estrategia para el ataque espiritual para destruir. Así como Moad, con todas sus huestes y poder, fue vencido por los israelitas bajo la orden de Jehová, también Satanás fue vencido por Jesucristo (Lc. 10: 18, Jn. 16: 11, Col. 2: 15, Heb. 2: 14). Con Cristo en mí yo también puedo vencer en mi lucha contra el enemigo. Para vencer tengo que tener a Cristo y para tener a Cristo debo dejar que él se forme en mí, debo dejar que se forme en mí ese Hijo varón del cual habla Pablo en Gálatas 4: 19. Sin Cristo no puedo hacer nada: “… separados de mí nada podéis hacer”, dijo Jesús (Jn. 15: 5).
LOS HIJOS DE SEIR (representan la Carne y sus obras) Los del Monte de SEIR simbolizan a la CARNE y sus deseos. SEIR quiere decir “VELLUDO”, “ESCABROSO”. Los hijos de SEIR son los hijos de ESAÚ. Esaú también significa “VELLUDO”. El Monte de Seir es la herencia de Esaú (Dt. 2: 1-5). Sabemos que Esaú es un tipo de la carne, representa la carne (la voluntad humana, el deseo humano). En Ezequiel 35: 1-11 se definen a los del Monte de Seir. Específicamente en el verso 11 se señalan las características de los Hijos de Seir: Ira, celos, enemistades. Estas son las mismas obras de la carne (hijos de Seir, hijos de Esaú) que están descritas en Gálatas 5: 19-21. Son una multitud como la multitud señalada en 2 Cron. 20: 2. Recordemos que Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas, un deseo que no resistió su voluntad (la carne) y por eso perdió la bendición de su padre Isaac. Si nosotros nos cedemos a la carne, a los deseos de la carne (la voluntad humana), perdemos la bendición de Dios. Jacob engañó a Esaú. El engaño de Jacob le produjo ira, quiso matarlo (homicidio). Dos obras de la carne: Ira y homicidio. Dios aborrece la carne: “Amé a Jacob y aborrecí a Esaú” (Rom 9: 13) (Rom. 8: 7-8). La carne y el espíritu se oponen (Gal. 5: 16-17) Así lo plantea el capítulo 8 de Romanos. La batalla y la victoria de los israelitas contra Amón, Moad y Seir no era de los israelitas. Dios asumió esa batalla y venció. En consecuencia fue una victoria de los israelitas guiada por Dios (2 Cron. 20: 15): “… porque no es vuestra la pelea sino de Dios”. Dios, en la persona de Cristo, juzgó y venció a Amón, a Moad y a Seir, al mundo, a Satanás y a la carne. Venció al mundo (Jn. 16: 33), venció a Satanás y sus demonios (Col. 2: 15) (Heb. 2: 14) y venció a la carne (la voluntad humana) en Getsemaní, en la oración del Monte de los Olivos (Lc. 22: 42). El “abolió en su carne las enemistades” (Ef. 2: 15-16). Por eso Cristo me da la victoria contra mis enemigos espirituales.
Bendiciones.
Francisco ACEVEDO, Maturín, Venezuela, Agosto 2018.

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