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EL SÍNDROME DE SAÚL

  • Writer: Francisco Acevedo Hernández
    Francisco Acevedo Hernández
  • Dec 20, 2018
  • 5 min read

-Evangelio y Política-

Cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían:

Saúl hirió a sus miles Y David a sus diez miles”

(1 Samuel 18: 6-7).

Con este “jingle” empezó la campaña política para promover a David como rey, “jingle” con todas las características específicas de un buen “jingle” publicitario: claro, corto y fácilmente identificable. Comenzó una estrategia de mercadeo electoral con su “slogan”: “Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles”. Y empezaron la envidia y los celos políticos. A Saúl no le gustó el “jingle” (ni la letra ni la musiquita ni la “bailaíta”): “Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez mil, y a mí miles; no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David” (1 Sam. 18: 8-9). Dice la Palabra que inmediatamente un espíritu malo tomó a Saúl y empezó a perseguir a David para matarlo. En estos tiempos políticos no estamos muy lejos de ese “síndrome de Saúl”. En el capítulo 8 del primer libro de Samuel, se puede observar un cambio en la visión política del pueblo de Israel: propusieron un rey en vez de jueces para gobernar al pueblo. Recordemos que antes del rey Saúl, los jueces gobernaban al pueblo de Israel. Jehová Dios era el Gran Rey (Él es Rey de reyes, Señor de señores y Dios de dioses). El viejo Samuel había designado a sus hijos (Joel y Abías) como jueces en la ciudad de Beerseba, pero éstos se corrompieron, se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho (1 Sam. 8: 3). Algo parecido vemos hoy en la política: la corrupción.

Todos los ancianos (asesores de los gobernantes) de Israel se juntaron y vinieron a Samuel y le dijeron: “He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, CONSTITÚYENOS AHORA UN REY QUE NOS JUZGUE, COMO TIENEN TODAS LAS NACIONES” (1 Sam. 8:4-5). Ahí está la propuesta: cambiar al Gran Rey Jehová Dios por un rey humano. Ante tal propuesta, Samuel se sintió muy mal y acudió en oración a Jehová Dios. La respuesta fue: “Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; PORQUE NO TE HAN DESECHADO A TI, SINO A MÍ ME HAN DESECHADO, PARA QUE NO REINE SOBRE ELLOS” (1 Sam. 8: 6-7). Sigue Jehová hablando a Samuel: “Protesta solemnemente contra ellos y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos. Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que había pedido rey…” (1 Sam. 8: 10-18). “Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: NO, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará…” (1 Sam 8: 19-20). ¡Qué pueblo tan terco! Ante tal terquedad, Dios le dijo a Samuel que les permitiera elegir su rey. Y Saúl fue elegido y ungido como rey por Samuel: “VIVA EL REY”. Desde ese momento entró un nuevo modelo político para el gobierno de Israel y también un desastre de rey por la obstinación del pueblo. Lo demás es historia. Aquí en América Latina también hay una terquedad por llevar al poder político a un líder evangélico y establecer “Repúblicas Cristianas” para ser naciones cristianas con un presidente “como tienen todas las naciones”. En Venezuela ha habido pastores y líderes cristianos evangélicos empeñados en crear movimientos políticos para llevar al poder civil a dirigentes cristianos evangélicos. Así han aparecidos movimientos como “Organización Renovadora Auténtica” (ORA), fundado en 1987, sin éxito hasta ahora; “Una Nueva Visión para mi País” (NUVIPA), fundado en 2012, sin ningún resultado de éxito político a causa de divisiones y contiendas internas. Otro movimiento de reciente data es el grupo electoral “Esperanza por el Cambio” liderado por el empresario y pastor evangélico Javier Bertucci, quien participó como candidato presidencial en las recientes elecciones, sin éxito, pero prometió seguir en su actividad política. Ya en la Biblia hay ejemplos para negar esta iniciativa. Es lo que yo defino como “El Síndrome de Saúl”, rey fracasado por pretender sustituir a Dios, Rey de reyes y poner a gobernar al hombre. Dios no va a permitir que la política invada Su Reino. Él dijo claramente: “MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO” (Juan 18: 36). Por toda América Latina han corrido estos intentos de llevar el evangelio a la política. La pregunta es: ¿de dónde vienen estos movimientos? ¿Qué los inspira? No es precisamente Jesucristo. Los inspira una doctrina que viene de los EEUU, llamada teología o doctrina del DOMINIALISMO, cuya base está en una mala interpretación del texto bíblico ubicado en Génesis 1: 28 en el cual Dios ordena al hombre a DOMINAR (juzgar, señorear) la tierra. Esta doctrina es usada para describir la filosofía de cristianos conservadores políticamente activos y busca ejercer influencia o control sobre el gobierno civil secular con el propósito de llegar a establecer una nación cristiana o gobernada por cristianos inspirados en la ley bíblica y apoyados en el Calvinismo. El Dominialismo es una doctrina reciente originada en EEUU. Su pensador principal es Rousas Jhon Rushdoony (1916-2001). Esta teología del poder (“Teología del Dominio”) promueve el “Reino Ahora” (“Kingdom Now”) y también se le conoce como “Reconstruccionismo” porque pretende reconstruir a los EEUU sobre la ley bíblica. Este movimiento se ha propagado por todo el mundo y ha llegado a América Latina donde se están fundando movimientos políticos evangélicos para llegar a los poderes públicos e instalarse allí hasta que Cristo regrese. Algunos exponentes del Dominialismo son Bill Harmon, Peter Warner, Ana Méndez, Kenneth Copeland, Benny Hinn, Cash Luna, Ron Chaves, Guillermo Maldonado, entre otros. Esta doctrina está relacionada íntimamente con otra conocida como la “Doctrina de la Prosperidad”. Jesucristo fue muy claro y específico cuando le dijo a Pilato, gobernante de este mundo: “MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO… MI REINO NO ES DE AQUÍ” (Juan 18: 36). ¿Te quedó claro, mi hermano? Entonces ¿cuál es el empeño en seguir en una doctrina y hacer una voluntad humana, política, que Cristo ya descalificó? ¿Por qué seguir en estos afanes de intentar tercamente llevar evangélicos al poder político? Mi apreciado pastor, mi querido ministro del Señor, tu llamado es servir y hacer discípulos y ciudadanos para el Reino de Dios, no para el reino de este mundo. Considéralo.

Francisco ACEVEDO. Maturín, Venezuela, Junio 2018.



 
 
 

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