EL MENSAJE OCULTO DE MEFIBOSET, EL MISTERIO DEL LISIADO DE LODEBAR
- Francisco Acevedo Hernández
- Dec 20, 2018
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Updated: Dec 20, 2018
El Apóstol Pablo dice que “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las escrituras, tengamos esperanzas” (Rom. 15:4), y les escribe a los colosenses sobre “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1: 26-27).
En el marco de estos dos textos bíblicos neo-testamentarios, vamos a tratar una enseñanza escondida en el Antiguo Testamento, vamos a develar el misterio del lisiado de Lodebar, misterio oculto desde los siglos y edades. Por eso el tema se titula: “EL MENSAJE OCULTO DE MEFIBOSET, EL MISTERIO DEL LISIADO DE LODEBAR”. Para este estudio bíblico usaremos los textos encontrados en 2 Samuel 9: 1-13 y en 2 Samuel 4: 4. Si leemos estas citas con los ojos del alma (psique) encontramos una historia triste y dolorosa, pero si la leemos con los ojos del espíritu humano vivificado (pneuma) es fascinante y llena el corazón de consolación y esperanzas. El texto relata la misericordia y bondad del rey David hacia Mefi-boset, nieto del rey Saúl e hijo del príncipe Jonatán. Dice así el texto: “Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quién haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinándose dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset. Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies. (2 Samuel 9: 1-13). La pregunta es ¿Cómo quedó lisiado Mefi-boset? En 2 Samuel 4: 4 se relata: “Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset”. Esa es la historia de este niño.
Para resumir la historia, tenemos que Mefi-boset es hijo de Jonatán y nieto de Saúl. Cuando Mefi-boset tenía cinco años, Jonatán y Saúl perecieron en la batalla de Gilboa. Al recibir la mala noticia, la nodriza huyó apresuradamente del palacio real con él. En la fuga, el niño se le cayó y quedó lisiado de los pies y cojo el resto de su vida. Después, Mefi-boset se refugió con Maquir de Galaad, pero pasados algunos años David lo llevó a Jerusalén para cumplir el juramento que había hecho a Jonatán su amigo. Se le devolvieron los bienes de Saúl. Siba fue nombrado su administrador y se le concedió el privilegio de comer a la mesa del rey David.
La Biblia está llena de símbolos, imágenes, dichos populares, parábolas, figuras, llena de tipos y sombras que quieren expresar o revelar una verdad. La Biblia es como un cuadro, como un gran dibujo que muestra muchas enseñanzas.
En el marco de la Teología Bíblica, de la tipología, de tipos y sombras, y por la unción que enseña (1 Juan 2: 27), vamos a ir descubriendo e interpretando el lenguaje profético oculto en el texto citado. El Antiguo Testamento habla a veces con un lenguaje directo sobre la venida del Mesías y su misión, y la mayoría de las veces con un lenguaje simbólico. En este contexto, vamos a descifrar los tipos, sombras y figuras que hablan del plan de salvación espiritual de Cristo para la humanidad en la cita bíblica que nos ocupa (2 Samuel 9: 1-13). En el texto aparece el rey David representando a Cristo Rey, al Mesías. Todos los teólogos y estudiosos de las Sagradas Escrituras están de acuerdo en afirmar que David es tipo y sombra de Cristo, el Mesías. ¿Qué hizo el rey David con Mefi-boset y qué hizo Jesucristo con el hombre caído por causa del pecado de Adán? Mefi-boset, que en hebreo significa vergüenza, representa al hombre (Adán) caído y espiritualmente lisiado por causa del pecado. Nótese que Mefi-boset se le cayó a la nodriza quien representa a Eva. Adán, por el pecado de desobediencia cayó de la gloria de Dios y quedó espiritualmente lisiado, caminando cojo, en vergüenza y desnudez (¡qué vergüenza!). Dice la Palabra de Dios que Adán y Eva al pecar por desobediencia le “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos….” (¡Qué vergûenza!). El hombre caído respondió al llamado de Dios diciendo: “oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (¡Qué vergüenza!) (Gen. 3: 7-10). Así, todo hombre quedó en vergüenza: “Cada día mi vergüenza está delante de mí” (Salmo 44: 15), el profeta Ezequiel dice: “En todo rostro habrá vergüenza” (Ez. 7:18). En Génesis 3, versos 23 y 24, se dice que Dios echó fuera al hombre, lo echó fuera del huerto del Edén. Fue el hombre destituido de la gloria de Dios a causa del pecado: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3: 23). Mefi-boset era un príncipe de cinco años con una herencia real y en un momento lo perdió todo. Él era un príncipe heredero, de linaje real en el pueblo de Israel, disfrutaba de lo que significa vivir en el palacio real, con alimentos y vestiduras exquisitas. En un momento lo perdió todo, perdió a su abuelo el rey Saúl, perdió a su padre Jonatán, príncipe heredero del trono, perdió a su familia, sus tierras, sus posesiones, sus riquezas y tantas cosas y privilegios. La pérdida lo llevó a la vergüenza (que es lo que significa en hebreo el nombre de Mefi-boset, como ya lo hemos dicho) para ir a habitar a Lodebar que significa tierra árida, hostil y seca, donde no crece pasto, ni se produce fruto, donde se refugiaban los endeudados, los desposeídos, un lugar desértico. Lodebar también significa lugar sin comunicación, el término LO en hebreo significa NO, SIN y DABAR (DEBAR) significa PALABRA, VERBO, COMUNICACIÓN, RELACIÓN; es decir Mefi-boset quedó sin palabra (no-palabra), sin verbo, incomunicado… Adán, por su caída espiritual, lo perdió todo, al igual que Mefi-boset. Adán quedó incomunicado, perdió la relación y la comunión con Dios. Mefi-boset quedó en miseria y ruina. Adán, al perder la comunión con Dios, quedó en miseria y ruina, quedó muerto espiritualmente. Su espíritu murió por causa del pecado de desobediencia: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gen.2: 16-17). “CIERTAMENTE MORIRÁS” quiere decir que el árbol de la ciencia del bien y del mal es el árbol de la MUERTE. Adán comió, desobedeció y murió su espíritu, se corrompió y también su alma y su cuerpo entraron en el terreno de la muerte. Mefi-boset al presentarse ante la presencia del rey David, se define a sí mismo como “perro muerto”: “¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”. Conviene explicar aquí que en la cultura hebrea el término perro (keleb) tiene varios significados. Uno de ellos es miseria y ruina, hombre despreciable e insignificante. La expresión “perro muerto” indicaba alguien indigno. Los judíos consideraban a los gentiles, los no-judíos, como perros (inmundos, impuros). Es la expresión que usa Jesús para identificar a la mujer griega (cananea, sirio-fenicia), no-judía. El Señor Jesús usa el término “perrillos” no con sentido ofensivo, como algunos creen, sino para diferenciar a esta mujer griega-gentil de una mujer judía (Mateo 15: 21-28 y Marcos 7: 24-30). Hay otros significados del término “perro” en la cultura hebrea pero aquí vamos a tomar el significado de “perro muerto” como hombre miserable, despreciable, insignificante, corrupto y en ruina, que es la autodefinición que hace Mefi-boset ante el rey David. Fue la condición en la cual quedó Adán después de su caída, de su muerte espiritual. El cayó de la gloria de Dios a la miseria. Su caída, el pecado, lo llevó a una condición animal (“perro”) y además “muerto”, corruptible, mal oliente. Antes de la resurrección de Lázaro, su hermana describió su condición: no solamente estaba muerto sino descompuesto, de mal olor: “Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días” (Juan 11:39). Y Jesús habló al espíritu muerto de Lázaro y lo resucitó totalmente (espíritu, alma y cuerpo). Hay otro relato en Lucas 7: 12 donde se narra que Jesús resucitó a un joven que llevaban a enterrar en la ciudad de Naín, hijo único de su madre, la cual era viuda. Jesús se compadeció de ella y resucitó al joven. Jesús resucitó a muchos: “los muertos son resucitados” (Luc. 7:22). El hombre muerto está separado de la Vida, del Espíritu de Vida que es Dios, que es el mismo Cristo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Vemos claramente que Jesús se define como LA VIDA, no UNA vida o una propuesta más de vida o una filosofía de la vida. Yo soy LA VIDA, dijo. Artículo determinado: LA.
Siba, el encargado de buscar a Mefi-boset, sacarlo del lugar de miseria y ruina (Lodebar) y presentarlo al rey David, representa al Espíritu Santo de Dios que nos lleva ante Jesús para reconocerlo como Señor y restaurador del hombre caído (Adán): “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Cor. 12: 3). El Espíritu de Cristo hace un llamado a los caídos y desvalidos por el pecado de Adán para trasladarlos del lugar de Lodebar (tinieblas y oscuridad) a la casa del Rey, de la oscuridad de las tinieblas a la luz, a la luz admirable: Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col. 1: 13-14) (Ef.1:7) (1 Ped. 2:9). Mefi-boset fue trasladado de Lodebar, lugar de ruina y miseria a Jerusalén, ciudad de paz: “Y moraba Merfi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey” (2 Sam. 9:13). En una de sus parábolas (Luc.14: 15-23), Jesús dice que “un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos, y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid que todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse…” Cada uno presentó sus excusas al siervo. Aquí el siervo representa al Espíritu Santo de Dios que nos llama a todos a la gran cena del Señor: la salvación espiritual del hombre para volver a la comunión con Dios, comunión que habíamos perdido por el pecado de Adán. Algunos hombres se excusaron, rechazaron la invitación a la casa de Dios, a la casa del Rey para comer con él, para cenar con él. A causa de las excusas de los invitados, el Señor envió a su siervo nuevamente diciéndole: “Ve por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”. Evidentemente que Mefi-boset está fotografiado en este grupo. Recordemos que él es COJO, lisiado…Y el Señor hizo un tercer llamado a través de su siervo hasta que la casa se llenó. Es obvio que el Señor vino a buscar a los necesitados en espíritu, a los pobres en espíritu, a los muertos en el espíritu, a los cuales llama dichosos o bienaventurados: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt. 5:3). Los ricos en espíritu, los que creen y piensan que no tienen necesidad de Dios, los que ponen su CONFIANZA en sus posesiones y riquezas materiales y espirituales (falsas creencias y propia opinión) dificultan su entrada al reino de Dios: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (Marc. 10: 23) y luego dice: “¡Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Marc. 10: 24). Fue la conclusión de Jesús después de la entrevista que tuvo con el joven rico (Leer en Mateo 19: 16-30, en Marcos 10: 17-31 o en Lucas 18: 18-24).
Regresemos a Siba como figura del Espíritu Santo. Tsibá en hebreo significa fuerza, poder, que es la definición del Espíritu Santo dada por Jesús: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…” (Hech. 1:8). También Tsibá (Siba) en hebreo significa plantación (planta, árbol), lo cual indica que produce fruto: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gal. 5: 22). Con esta sencilla explicación referencial, podemos aceptar que Siba está representando al Espíritu Santo en el escenario bíblico que estamos viendo. David dio órden a Siba de trabajar la tierra y producir frutos para Mefi-boset: “Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer” (2 Sam. 9:10). El Espíritu Santo trabaja nuestra tierra espiritual para producir su fruto (Gal. 5: 22).
Hay un texto paralelo en el Antiguo Testamento donde también podemos ver el término siervo como figura del Espíritu Santo, cuando Abraham busca esposa para Isaac (Génesis 24: 1-67). En este largo y hermoso pasaje bíblico, Abraham representa a Dios Padre, Isaac es tipo de Cristo y el damasceno Eliezer, siervo y mayordomo de la casa de Abraham, es figura del Espíritu Santo. Si usted lee detenidamente el relato, se va a dar cuenta que Eliezer desempeña el mismo papel que Siba. Leído el texto, podemos decir, comparando, que el Espíritu Santo busca una esposa (la Iglesia) para Cristo, como Eliezer busca esposa para Isaac, y encontró una mujer, Rebeca, doncella de aspecto muy hermoso, sin manchas y sin arrugas, como la Iglesia que quiere Cristo como esposa. (Efesios 5: 25-27).
Maquir (en hebreo Mâkîr) es otro de los personajes que aparece en el texto que estamos analizando en el marco de la tipología bíblica. Significa vendido, vendedor y representa al Diablo o Satanás. Maquir vivía en la región de Lodebar y era su jefe y administrador. El controlaba a todos los residentes en este lugar oscuro y lleno de tinieblas. Ya hemos tratado el tema de Lodebar y su significado. Judas Iscariote, el Apóstol tesorero, era ladrón, traidor y quien vendió a Jesús por treinta piezas de plata. Jesús lo define como diablo: “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote…” (Juan 6: 70-71) en otra parte, refiriéndose a Judas Iscariote, el escritor dice: “Y después del bocado, Satanás entró en él…” (Juan 13:27). De manera que el diablo, satanás, se movió en Judas para vender, porque él vendía y compraba, que es lo que significa Maquir. Después del pecado de Adán, Satanás tomó el control de la vida caída del hombre, caído en vergüenza como Mefi-boset. La vergüenza es consecuencia y expresión del pecado original. Jesús llevó nuestra vergûenza porque llevó nuestros pecados en la cruz. El quitó el pecado del mundo, según el anuncio de Juan, el Bautista: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29). Isaías ya había profetizado sobre Jesús como expiación, como cordero inmolado por el pecado de Adán y de todos los hombres: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados…” (Is. 53: 4-7). El Apóstol Pedro confirma esta profecía cuando dice: “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2: 24). El Apóstol Pablo dice: “Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Rom. 8: 3). Aun, mucho antes del anuncio de Isaías, desde la eternidad ya Dios tenía en Cristo su plan de salvación espiritual para la humanidad, “el cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8). En el texto, Jerusalén aparece como el nuevo y definitivo lugar donde va a morar Mefiboset, quien pasó de Lodebar a Jerusalén (ciudad de paz). Nosotros también fuimos trasladados de la oscuridad espiritual a la luz admirable de Cristo, el Rey. Fuimos trasladados a la Jerusalén celestial, a la Jerusalén de arriba, a la paz definitiva y eterna por la obra del Cordero inmolado. (Gal. 4: 26) (Apoc. 21:2) (Hebreos 11:13-16 y 12:22). Jerusalén es tipo de un nuevo lugar en el Espíritu, una nueva nación, una nueva patria buscada por los israelitas al salir de Egipto. Pero, Volvamos a Maquir. Cristo también venció a Satanás o Diablo. Cristo vino a destruir las obras del Diablo: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3: 8). En la cruz Cristo redimió a los hombres del poder y la autoridad de Satanás. Maquir mantenía cautivos a los avergonzados en un lugar de tinieblas y oscuridad. Satanás mantenía cautivos a los hombres en tinieblas y oscuridad por causa del pecado, pero Cristo, en la cruz, puso fin a los derechos de Satanás. Cristo vino “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo” (Hebreos 2:14). Dice Pablo que Jesús venció a Satanás y sus demonios “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2: 15). Y la victoria de Cristo sobre el diablo es nuestra victoria, una victoria completa: participamos en su muerte, en su sepultura, en su resurrección, en su ascensión y nos ubicamos en los lugares celestiales con él. Dios “juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2:6). Es decir, compartimos su trono, su poder y autoridad. Cristo, el Rey, nos hizo libres. Ahora podemos, al igual que Mefi-boset, comer siempre en la mesa del Rey, como uno de los hijos del Rey. Jesús nos invita hoy a comer en su mesa, a cenar con Él. Dice el Señor: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apoc. 3: 20-21). “Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” y nos libró. (Rom. 8:37). Bendiciones para ti, mi muy apreciado lector y mi muy amada lectora.
Francisco ACEVEDO. Maturín, Venezuela, Mayo 2017.

Maravilkosa enseñanza. Gracias por compartirla