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El Alma En El Hombre

  • Writer: Francisco Acevedo Hernández
    Francisco Acevedo Hernández
  • Dec 20, 2018
  • 5 min read

En un estudio anterior titulado “ESPIRITU EN EL HOMBRE” habíamos traído la siguiente expresión: “El hombre es un ESPÍRITU (Pneuma) que tiene un ALMA (Psique) y vive en un CUERPO (Soma)”. Y habíamos dicho que el Apóstol Pablo define al hombre como un ser compuesto de espíritu, alma y cuerpo (1 Tes. 5: 23). En ese estudio (“Espíritu en el hombre”), prometí escribir algo sobre el tema de “EL ALMA EN EL HOMBRE”. Como lo prometido es deuda, vamos a tratar el asunto y vamos a considerar someramente el tema del CUERPO HUMANO para completar los tres aspectos de la Antropología Bíblica: Espíritu, Alma y Cuerpo. El espíritu en el hombre nos lleva a establecer el concepto de HOMBRE ESPIRITUAL, llamado también HOMBRE INTERIOR, el lugar de habitación de Dios en el ser humano. Zacarías lo dice hermosamente: Jehová Dios “extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él” (Zac. 12: 1). El ALMA, en griego PSIQUE, en hebreo NEFESH (respiración, soplo, garganta, aliento de vida, “alma viviente”. También se le conoce como EL YO, EL SÍ MISMO (Nous o Noos). En la Bíblia se le llama CARNE, y junto al cuerpo físico nos lleva a establecer el concepto de HOMBRE NATURAL. El ALMA contiene: 1) LA RAZON (El intelecto, la mente y la inteligencia). 2) LAS EMOCIONES (Afecto, cariño y sentimientos) y 3) LA VOLUNTAD (Fuerza de decisión, de determinación). Algunos confunden el espíritu con el alma. En el alma se da una batalla racional, emocional y volitiva. Pero ese no es el espíritu del hombre, como hemos dicho. El espíritu Santo sujeta al espíritu humano y el espíritu humano redimido y vivificado sujeta al alma y el alma disciplinada por el espíritu sujeta el cuerpo. En las Sagradas Escrituras, podemos ver que el espíritu del hombre (pneuma) se comunica con su alma (psique) y viceversa. Si usted lee algunos pasajes bíblicos, puede observar que el espíritu del hombre le habla al alma y el alma del hombre le habla a su espíritu. El espíritu de David se comunica con el alma de David y le habla, le ordena: “Bendice, alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser (espíritu, alma y cuerpo) su santo nombre. Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103: 1-4). También el espíritu se maravilla por la grandeza de Dios y manifiesta: “Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras, estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien” (Sal.139: 14). En otra parte, el espíritu de David pregunta a su alma: “Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” (Sal. 42: 5). También el espíritu de David ordena a su alma la alabanza: “Alaba, oh alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida; Cantaré salmos a mi Dios mientras viva” (Sal. 146: 1-2). El espíritu de David dice al Señor: “En ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos” (Sal.57: 1), también le dice a su alma: “Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa” (Sal. 57: 8). El espíritu de David clama a Dios `por su alma: “Estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela” (Sal. 69: 17-18). Otra vez su espíritu ordena a su alma diciéndole: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque él es mi esperanza” (Sal. 61: 5). “En situación de depresión y angustia, el espíritu ordena al alma de David: “Estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien” (sal 116: 6-7) Y el alma de David le pide a Dios que no aparte de él su santo Espíritu, que le devuelva el gozo (parte del fruto del Espíritu) de la salvación. Dice David: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” (Sal. 51: 10-12). Y Jesús, como hombre verdadero, manifiesta su espíritu y su alma. En el evangelio de Mateo se dice que Jesús “entregó el espíritu”: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (Mt. 27: 50). En el texto citado, en el original griego, se usa el término PNEUMA para ESPIRITU. En otra parte se dice: “Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: MI ALMA (psique) está muy triste, hasta la muerte” (Mt. 26: 37-38). En la tumba de Lázaro María estaba llorando, “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu (pneuma) y se conmovió (alma)” (Jn. 11: 33). “Se estremeció a SÍ MISMO”, dice la versión griega. “Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba” (Jn. 11: 36). Para la palabra “amaba” se usa el término griego “efilei” (de fileo, expresión del alma que tiene que ver con amor filial, afecto fraternal, emotivo, familiar, amistoso.). En el salmo 16: 10, el espíritu de David profetizando de Jesús, dice: “No dejarás mi alma en el Seol (Hades), ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Aquí para “alma”, se usa el término griego psique. Lo mismo se repite en Hechos 2: 27. Hemos podido ver claramente una diferencia entre espíritu y alma en el hombre y que el espíritu y el alma se comunican, se relacionan. Cuando el espíritu del hombre es redimido por la obra de Cristo, es vivificado, resucitado. Todo esto por fe y por confesión de fe: “Esta es la palabra de fe que predicamos que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Rom. 10:8-11). EL CUERPO EN EL HOMBRE (EL CUERPO HUMANO) Así como el espíritu en el hombre nos lleva al concepto de HOMBRE ESPIRITUAL, HOMBRE INTERIOR; el alma (la carne) y el cuerpo (lo físico-biológico) nos lleva al concepto de HOMBRE NATURAL. El cuerpo (soma en griego y básar en hebreo) con sus cinco sentidos se relaciona con el mundo físico o naturaleza (reinos: mineral, vegetal y animal). El cuerpo del creyente debe estar sujeto al alma y el alma debe estar sujeta al espíritu vivificado del hombre y el espíritu vivificado del hombre debe estar sujeto al Espíritu Santo. Ese es el orden. Y si somos guiados por el Espíritu Santo, entonces somos hijos de Dios “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8: 14). Y “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Rom. 8:16). El cuerpo humano es de gran valor para Dios. El cuerpo es morada del Espíritu Santo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (Rom. 6:19-20).

Bendiciones. Francisco ACEVEDO.

Maturín. Venezuela. Septiembre 2018.


 
 
 

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