Debajo del Sol
- Francisco Acevedo Hernández
- Dec 20, 2018
- 10 min read
La Sagrada Escritura tiene una gran riqueza en su lenguaje, expresa verdades mediante figuras, tipos y sombras, imágenes, parábolas, números, animales, minerales, vegetales, lugares, astros (sol, luna, estrellas) nombres y símbolos, alegorías, metáforas, dichos y expresiones del contexto cultural y lingüístico hebreos que es necesario explicar para entender el mensaje bíblico con más propiedad. Por ejemplo, cuando se habla de ARRIBA, se trata de lo celestial, de lo espiritual y cuando se habla de ABAJO, se trata de lo terrenal, de lo carnal, del mundo (cultural). En ese contexto, Jesús dijo: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo” (Jn. 8: 23). Jesús, hablando de sí mismo, había dicho: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos” (Jn. 3: 31). Aquí podemos ver que Jesús está usando los conceptos hebreos de arriba y abajo para explicar lo que es espiritual-celestial y lo que es carnal-terrenal y del mundo. Pablo que conocía perfectamente la cultura hebrea, en consonancia con la misma línea de Jesús, en cuanto a los términos arriba y abajo, exhorta: “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3: 2).
El SOL, astro con luz propia, simboliza a Jesucristo, que brilla por sí mismo y da su luz a la LUNA que simboliza a la Iglesia. Ya el profeta Malaquías había anunciado a Jesús como el Salvador, usando el SOL como símbolo: “A vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el SOL DE JUSTICIA, y en sus alas traerá SALVACION…” (Malaquías 4:2). Sabemos que Jesucristo en la cruz nos redimió del pecado, hizo justicia y nos dio la salvación y vida eterna. Dice San Pablo: “Por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1: 30). Cristo nos transforma y nos hace nuevas criaturas (2 Cor.5:17).
En el libro bíblico “El Cantar de los Cantares” se narra una verdad espiritual usando la imagen del SOL que simboliza, como hemos dicho, a CRISTO. La sulamita (o sunamita, figura de la Iglesia), se presenta como amiga, hermana, esposa y amada (amante) del rey (Salomón, figura de Cristo). Ella le dice a las hijas de Jerusalén: “No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró” (Cantares 1: 6). “El Cantar de los Cantares” expresa, en profecía, la relación de Cristo y su Iglesia, la comunión de la persona creyente con Cristo. Por tanto, podemos interpretar que el SOL, símbolo de CRISTO, al mirar o tocar a una persona, la transforma. La sulamita era blanca, ahora, tocada o mirada por el SOL (Cristo) es transformada en MORENA. Cristo cuando llega a nuestras vidas nos transforma (2 Cor. 5: 17).
DEBAJO DEL SOL
Salomón en el libro “Eclesiastés” usa la frase DEBAJO DEL SOL como un escenario físico, un espacio terrenal (mundo cultural), donde la humanidad transcurre en la rutina del tiempo. El describe lo que le sucede al hombre bueno y al hombre malo, ubicados DEBAJO DEL SOL. Dice que todo es vano, fugaz, pasajero. En la lectura de los doce capítulos del Eclesiastés, usted puede observar lo que observa Salomón: empieza con “todo es vanidad” y termina diciendo que todo es vanidad. El libro ilustra la vanidad de la vida con muchos ejemplos: vanidad de la sabiduría, vanidad del placer, vanidad de los grandes logros, vanidad de la ardua labor, desigualdad de la vida, opresión malvada, la idiotez de la ardua labor, la naturaleza pasajera de la fama, las insuficiencias de la religión humana, las insuficiencias de la riqueza que no satisface. Se puede leer en este libro que hay contraste entre la sabiduría y la necedad. Hay incapacidad para entender lo que Dios está haciendo. Se lee el valor de la sabiduría en la sociedad, en la política y en la economía. Esta condición del hombre (de la humanidad) también la describe el Apóstol Pablo en la carta a los romanos (Rom. 1: 18-32). Salomón afirma que al final el juicio de Dios llega a todos, por eso concluye: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecl. 12: 13-14). Es un adelanto a lo que dirá San Pablo: “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Cor. 5: 10).
No solamente Salomón trata los sucesos humanos debajo del sol, otros autores no judíos también han tratado lo que sucede a la humanidad debajo del sol, en el tiempo y el espacio, es decir, en la historia. En la cultura de la antigua Grecia, los filósofos hicieron gran esfuerzo mental por estudiar al hombre y sus circunstancias. Platón, de gran influencia en la cultura occidental, en su “Alegoría o Mito de la Caverna” (escrito en su obra “República”) describe que vivimos en una sociedad donde lo que se percibe es simple ficción, donde el hombre está encerrado en una caverna, en oscuridad, y está imposibilitado para salir a la luz. Platón plantea que alguien o algo tiene que liberarlo: la razón, el conocimiento racional, mediante el cual el hombre llegará a ver “el SOL y lo que le es propio” (el bien). Sócrates anda por la misma línea. El filósofo Diógenes de Sínope (413 a.C.) propone la honestidad (la ética) para encontrar la luz que ni los políticos pueden dar. Por eso Diógenes pudo decirle al gran líder político Alejandro Magno: “¡Apártate, me estás tapando el SOL!”. Y siguió Diógenes buscando con su lámpara un hombre honesto, en Atenas, a plena luz del día. Considere usted todo lo que significa lo planteado por Diógenes de Sínope. En la literatura hispana hay muchos escritores que tratan el mismo tema del sabio rey Salomón. Jorge Manrique (1440-1479) en una de las “Coplas por la muerte de su padre” dice: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte… cuán presto se va el placer” (Copla I). Las otras 39 coplas tratan el mismo tema del Eclesiastés. Y todos los autores del Siglo de Oro Español expresan la misma situación de la humanidad, de la condición humana. El poeta español Antonio Machado (1875-1939) en sus “Cantares” dice: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…” Y así muchos escritores de todas las culturas han tratado la situación y la condición del hombre DEBAJO DEL SOL, con su “vanidad y aflicción de espíritu”, como dice Salomón. Pero hay una salida para este hombre en oscuridad, para esta humanidad en tinieblas BAJO EL SOL, salida dada no por una filosofía sino por una persona, por Jesucristo que dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16: 33).
EN EL SOL
Según la Historia de la Salvación, registrada en la Biblia, el primer hombre, Adán, tentado por satanás, se separó de Dios por el pecado de desobediencia y cayó, se fue a tierra, perdió su espíritu (pneuma) y quedó funcionando con su alma (psique, “alma viviente”) y su cuerpo (soma), con sus cinco sentidos, en el mundo, DEBAJO DEL SOL. Recordemos que Dios creó al hombre con un espíritu, un alma y un cuerpo (1 Tes. 5: 23). Jesús define a Dios como espíritu. Él le dijo a la mujer samaritana: “Dios es Espíritu” (Jn. 4:24). Si “Dios es Espíritu” y creó al hombre a su imagen y semejanza (Gen. 1: 26), entonces la lógica me dice que Dios creó un espíritu al crear al hombre. Cuando Adán pecó se separó de Dios, su espíritu murió y cayó a tierra, a muerte, con su alma y con su cuerpo, quedó ubicado en el árbol de la MUERTE, el árbol del bien y del mal porque Dios le dijo: “del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente MORIRÁS” (Gen.2:17). Adán pecó, se separó de Dios, su espíritu murió y al mismo tiempo murió el espíritu en todo hombre: “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5: 12). Del SOL el hombre cayó y se ubicó DEBAJO DEL SOL, como hemos visto. Lo que Salomón le había escrito a los hebreos en el libro Eclesiastés (Antiguo Testamento), se puede leer en la carta a los Hebreos (Nuevo Testamento): “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él (Jesucristo) también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2: 14-15). Conviene recordar quién es el diablo (lucifer, demonio o satanás) para entender su relación con el hombre caído. Los profetas Isaías (Is. 14: 12-15) y Ezequiel (Ez. 28: 12-15) hacen referencia al poder espiritual que hay detrás del rey de Babilonia y del rey de Tiro como tipos de satanás y sus demonios. Satanás, el diablo, el demonio o lucifer fue un ángel que cayó por su pecado de maldad, soberbia, orgullo, deseo de poder y deseo de querer ser como Dios. Leamos: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo” (Is. 14: 12-15). Ese es un cuadro que revela a Satanás. Ezequiel pinta otro cuadro usando como tipo al rey de Tiro. Dice el profeta: “Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste, de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbuncio, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra… ” (Ez. 28:11-17-19).
EL DIABLO CAIDO, EL HOMBRE CAIDO
Hemos leído en las escrituras que Satanás cayó del cielo: Este demonio, diablo o Satanás, también tipificado en un dragón y en una serpiente, jamás podrá regresar al cielo, al lugar de donde cayó. Esa es su tragedia: cayó a tierra y más abajo de la tierra: el infierno (abismo), su morada eterna; y desde allí manifiesta su nueva naturaleza: LA MALDAD. “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apoc. 12: 9). Jesús les dijo a sus discípulos: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lc. 10:18-19). El hombre, después de pecar, también fue arrojado del paraíso, de la gloria de Dios: “Y lo sacó Jehová del huerto del Edén… Echó, pues, fuera al hombre…” (Gen. 3: 23-24). Dice el Apóstol Pablo: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). El diablo y el hombre fueron arrojados a la tierra. ¿Y qué hacen en la tierra, en el mundo? El hombre pecó, y al separarse de Dios perdió la autoridad dada: “Hagamos al hombre… y SEÑOREE… “(Gen. 1: 26-28). El hombre caído entregó su señorío, su autoridad al diablo. Ahora el diablo, emperador de la muerte, pasa a gobernarlo a él y al mundo: “engaña al mundo entero” (Apoc. 12:9). Juan dice: “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Ni el diablo ni sus ángeles rebeldes fueron perdonados ni se les prometió perdón por su pecado sino que fueron arrojados al infierno por la eternidad: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad” (2 Ped. 2: 4). Pero Dios le prometió perdón al hombre caído: “Y dará a luz un hijo, y llamará su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1: 21). Dios le encargó esta tarea a su Hijo Jesucristo: redimir al hombre de la esclavitud de Satanás, del mundo y de la muerte. ¡Aleluya! Así, Dios, por su amor y su misericordia, se hizo hombre para redimir al hombre de su pecado y salvarlo del mundo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3: 16-17). Juan, al hablar de Jesucristo como Verbo (Logos), dice: “Aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros” (Jn. 1: 14). Este Jesús vino “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2: 14-15). Y Pablo dice: “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2: 15). Ya todos conocemos la misión cumplida de Jesús, él dijo en la cruz: “CONSUMADO ES” (Jn. 19: 17-30). Así el hombre quedó liberado de la muerte y del mundo (DEBAJO DEL SOL). El hombre por la obra redentora de Jesús, pasó a estar EN EL SOL y MAS ALLA DEL SOL, en los lugares celestiales. “Si alguno está en Cristo (en el Sol), nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5: 17). Ahora estamos SOBRE EL SOL porque Dios “nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2: 6). Bendiciones.
Francisco ACEVEDO.
Maturín, Venezuela, Julio 2018.

Kommentare