Comunion
- Francisco Acevedo Hernández
- Dec 20, 2018
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Cualquier diccionario español va a definir COMUNION como la acción de participar en lo que es COMUN, compartir lo mismo. Comunión, en sentido religioso, se refiere a una congregación de personas que profesan la misma fe, una fe COMUN. Comunión es UNION con alguien, con otra persona, es estar unido a, estar fusionado, mezclado, amalgamado. Es UNIDAD. Es ser UNO con.
En el Antiguo Pacto (Antiguo Testamento) se usa el término hebreo SOD para COMUNION y esta comunión es altamente valorada por Dios. SOD significa amistad, conocimiento íntimo, algo oculto, secreto, compañía, intimidad y se puede observar en el salmo 25:14: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”. La frase “los que le temen” no se refiere a los que tienen miedo o temor, en sentido psicológico. Aquí “temen” indica reverencia, respeto, cuidado, obediencia amorosa, se refiere a aquellos que encontraron la justicia de Dios (que es Cristo, en sentido profético). En Proverbios 3:32 se expresa: “Porque Jehová abomina al perverso; Mas su comunión íntima es con los justos”. En este texto el término justo tiene el mismo sentido y significado que el término temor de Dios: Justicia de Dios, obediencia amorosa, reverencia, respeto por las cosas y la palabra (pacto) de Dios, por la justicia de Dios, por el consejo de Dios. En este SOD (COMUNIÓN) andaban José y Enoc, dos modelos de creyentes que sobresalen por su comunión con Dios. Si usted lee el capítulo 39 del Génesis, allí se narra una situación de fuerte y continua tentación para José. En esa y otras situaciones que experimentó José, usted va a observar la expresión: “Jehová estaba con José”, lo que quiere decir que José estaba en comunión con Dios y ambos formaban una unidad. Por esa razón, José prosperaba, no por otras razones: “Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano” (Génesis 39: 2-3). Conclusión: la comunión con Dios produce prosperidad en todo. El otro caso es Enoc. En Génesis 5: 22 se relata que “caminó Enoc con Dios”. Y el verso 24 dice: “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”. En la carta a los hebreos se lee: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Heb. 11: 5). ¿Y por qué agradó a Dios y no vio muerte? Porque tenía la vida de Dios (Ágape) en él, porque tenía comunión con Dios. Era UNO con Dios.
El término griego para COMUNION es KOINONÍA y significa tener en común, participación, compañerismo. Cristo llamó a sus discípulos para que PRIMERAMENTE estuviesen con él, con el propósito de establecer comunión con ellos y así enseñarles y darles autoridad para predicar, sanar y liberar: “Llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Marcos 3:13-15). Nótese que el propósito principal del llamamiento es para estar con él. El primer llamamiento es a la comunión con él. En 1 Corintios 1: 9 se expresa: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. Lo cual quiere decir que estos discípulos habían entendido el propósito principal del llamamiento: “para que estuviesen con él”, llamados a la comunión con el Maestro. La comunión es la base para realizar las otras tareas encomendadas por el Señor. La primera tarea de la comunión con Cristo es LLEVAR FRUTO, es el indicador de ser un discípulo suyo: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Marcos 15:1-8). No solamente la comunión es con Cristo, también es con Su Cuerpo, la Iglesia. Los discípulos de la primera Iglesia “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42). Hermoso cuadro: doctrina apostólica (enseñanzas), comunión fraterna, partimiento del pan y oraciones. Esta es la senda antigua a donde debemos volver. ¿Hacemos eso hoy los cristianos, la Iglesia, el Cuerpo de Cristo? ¿Se ejercita, se mueve así en la actualidad? En Hechos 4:32 se narra: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común”. Observe que este texto narra una vida “en común”, lo cual es más que una relación social.
Pablo en su primera carta a los corintios enfatizaba sobre la comunión, tanto con Cristo como con Su Cuerpo, la Iglesia: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Cor.10:16-17). Es importante señalar que en el contexto cultural hebreo el término SANGRE significa VIDA y PAN significa ALIMENTO. Recordemos que el vino también simboliza la sangre. En el sentido espiritual vino-sangre y pan-alimento hablan de la comida eterna para la VIDA ETERNA, lo que perdura, lo permanente, lo verdadero en el espíritu: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come este pan, vivirá eternamente” (Juan 6: 53-58). Por esta razón, Cristo nos llama a tener comunión con él: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3: 20). Y la comunión con Cristo se expresa en la comunión con Su Cuerpo, la Iglesia, comunión que es más que una relación social, más que manifestaciones de relaciones humanas. El Cuerpo de Cristo, La Iglesia es una unidad espiritual, cuya cabeza es Cristo. “Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo” (Efesios 5: 23).
COMUNIÓN: MÁS QUE RELACIÓN.
Relación es la consonancia o conexión que hay entre dos o más personas o cosas, es correspondencia, trato o COMUNICACIÓN (por ejemplo: relaciones comerciales). Cuando la relación es amistosa se dice que hay buenas relaciones. Relaciones tiene que ver con intercambio (Por ej. Intercambio cultural, intercambio de regalos, etc.). Las relaciones de noviazgo son para que se terminen o en matrimonio o en separación, no son permanentes. Hay también una relación del ser humano con el mundo exterior. Hay relaciones internacionales que es el reconocimiento mutuo de los gobiernos de dos estados a través de representaciones diplomáticas, relaciones que pueden terminar o romperse. Hay relaciones laborales (patrón-obrero). Hay infinidades de relaciones, las cuales tienen un denominador común: pueden terminarse, lo cual indica que hay una diferencia entre COMUNICACIÓN (conexiones) y COMUNIÓN (común unión, unidad). La comunión permanece, la comunicación o conexión puede romperse. Es decir, la comunión es más que relación. La comunión es una unidad. La relación se puede perder, la comunión no. Por eso la Trinidad nunca se rompe porque es una UNIDAD, una UNIDAD ETERNA (Padre-Hijo-Espíritu Santo). Cristo mantenía la unidad eterna con su Padre expresada en gloria: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn. 17: 5).
CRISTO: MODELO DE COMUNIÓN (Unidad permanente).
Cristo expresa la comunión (unidad) como una realidad espiritual con su Padre y establece esa comunión como modelo referencial para la Iglesia (Su Cuerpo). Dice Cristo en oración: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Jn. 17: 11). Y sigue orando: “Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”… (Jn. 17: 21). “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad” (Jn. 17: 23). Aparece aquí el término UNIDAD como perfección, que es la máxima expresión de COMUNIÓN. La unidad nunca se rompe, nunca se deshace, no se quiebra, es sólida y permanente, es eterna. Recordemos que la unidad es la propiedad que tienen las cosas (o las personas) de no poder dividirse ni fragmentarse sin alterarse o destruirse. También podemos definir la unidad como elemento diferenciador y completo que forma parte de un CONJUNTO.
Por esta razón, Cristo siempre va a manifestar la comunión, la unidad perfecta con su Padre, porque son UNO. Cristo en el tiempo de su carne, el Cristo histórico, se definió como UNO con su Padre: “Yo y el Padre somos UNO” (Jn. 10: 30).Por eso Cristo nunca dio muestra de separación de su Padre. Él no hablaba ni hacía nada sin su Padre: “Lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Jn. 12: 50). “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Jn. 5:19). No solamente Cristo dijo e hizo lo mismo que su Padre, Él también agradaba a su Padre. Y así lo testificó su Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17). Él agradó a su Padre con sus dichos y hechos: “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:28-29). La fe en Cristo es la fe en su Padre, la visión del Hijo es la misma visión del Padre porque ambos son una UNIDAD: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió” (Jn. 12:44-45). El Padre y el Hijo trabajan siempre en conjunto, en unidad: “¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14: 10). Y esa unidad se hace extensiva a sus discípulos, a Su Cuerpo, a Su Iglesia: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14: 20).
COMUNIÓN (UNIDAD) PARA CONOCER A DIOS.
No hay conocimiento genuino de Dios si no hay unidad, unión con Él, intimidad, comunión. Según la cultura hebrea, el conocimiento se da en la unidad y a través de ella, en la intimidad y unión -comunión- de dos personas (hombre y mujer): “Conoció Adán a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín” (Gen. 4:1). El esposo es quien CONOCE mejor a su mujer y la esposa a su esposo porque son UNO, porque tienen intimidad conyugal, permanente, son una sola carne (una unidad). El mismo término conocer (en griego eginosken-ginosko) se encuentra en Mateo 1:25 con el mismo sentido: (José) “no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESUS”. En Lucas 1:34 se usa el mismo término (ginosko) y también con el mismo sentido: “Entonces María dijo al ángel: ¿cómo será esto? Pues no conozco varón”. El término griego ginosko, conocer, significa intimidad conyugal, relación sexual.
Si Usted no es UNO con Dios por su Espíritu (“El que se une al Señor, un espíritu es con él”-1Cor.6:17-), si no es una UNIDAD con Dios y no tiene intimidad espiritual con Él, no puede cumplir su voluntad porque no le conoce. En la intimidad usted puede conocerle, oír su voz y obedecerle. Usted puede estar haciendo “la obra de Dios” creyendo que está haciendo la voluntad de Dios y estar equivocado. Puede estar fuera de la voluntad de Dios. Está muy clara esta situación narrada en Mateo 7:23: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. En la parábola de las diez vírgenes, se narra: “después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (Mt. 25:11-12). Esa vírgenes eran insensatas, necias, no conocían al Señor y no eran conocidas de él porque no tenían intimidad espiritual con él, no tenían comunión con el Señor. El interés del Señor es primeramente conocer a sus ovejas y que sus ovejas le conozcan: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10: 14-15).
La pregunta es: ¿Está Ud. en comunión con Dios o simplemente tiene una relación? ¿Conoce Ud. a Dios o solamente tiene una información sobre Dios? ¿Lo conoce de lejos (relación) o de cerca (comunión)? Job “era perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1), pero su problema era que no conocía a Dios de cerca, cara a cara. Por eso fue quebrantado con gran prueba hasta que conoció de cerca a Dios y empezó a tener comunión íntima con Él y llegó a decir: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” (Job: 42: 5). Es decir, ahora puedo tener comunión contigo, Señor, y puedo conocerte de cerca, no de lejos. Si Ud. quiere conocer a Dios de cerca, al Dios revelado en Cristo, busque la comunión con Él. Pidamos al Señor que Él pueda revelarse a Su Iglesia para que lo conozca en intimidad y desarrolle una comunión permanente con su cabeza: Cristo. Sólo así, como José, seremos prosperados. Amén.
Francisco ACEVEDO. Maturín, Venezuela. Marzo 2017.

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