ANDAR COMO ÉL ANDUVO
- Francisco Acevedo Hernández
- Dec 20, 2018
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El Apóstol Juan en relación a Cristo dice: “El que dice que permanece en él, debe ANDAR COMO ÉL ANDUVO” (1 Jn. 2: 6). ¿Cómo anduvo Cristo? ÉL anduvo en santidad (sin pecado), en el Espíritu Santo y en oración. Nosotros también debemos andar en santidad (sin pecado), en el Espíritu Santo y en oración.
1) CRISTO SIEMPRE EN SANTIDAD (SIN PECADO):
“No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, PERO SIN PECADO” (He. 4: 15). Juan dice: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y NO HAY PECADO EN ÉL” (1 Jn. 3: 5). Y el Apóstol Pedro escribe: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisada; el cual NO HIZO PECADO, ni se halló engaño en su boca…” (1 Ped.2:21-23). La pregunta es: ¿Andamos como él anduvo?, ¿En santidad? ¿Sin pecado? Recordemos que nosotros, por la caída de Adán, hemos heredado el pecado. Hemos leído en 1 Jn. 3:5 “que él apareció para quitar nuestros pecados” y lo logró en la cruz. Cuando creemos en esa obra que hizo Jesús y lo aceptamos como nuestro redentor y salvador suficiente, Dios quita nuestro pecado de muerte heredado de Adán: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5: 8) y más adelante dice Pablo: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre (Adán) , y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombre, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5: 12) y “están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3: 23). “Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Cristo) vino a todos los hombres la justificación de vida” (Rom. 5: 18). Cuando nos arrepentimos, Dios nos limpia por la obra redentora de Cristo, nacemos de nuevo (del agua y del Espíritu), somos hechos hijos de Dios (Jn. 1: 12-13), somos santificados y estamos listos para entrar al reino de Dios (Jn. 3:1-8). Dice Juan: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. (1 Jn. 5: 18). Si hemos nacido de nuevo, el pecado heredado de Adán queda definitivamente eliminado, el pecado que lleva a muerte eterna. Y si cometemos pecados que no son de muerte eterna (1 Jn. 5: 16-17) “abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo” (1 Jn. 2: 1-2) “y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7). Entonces, podemos ANDAR COMO ÉL ANDUVO, sin pecado porque Cristo quitó el pecado.
2) CRISTO SIEMPRE EN EL ESPIRITU. El Espíritu Santo manifiesta su presencia en Jesús desde el momento de su encarnación: “Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del ESPÍRITU SANTO” (Mt. 1: 18). Y un ángel le dijo a José: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del ESPÍRITU SANTO es” (Mt. 1: 20). Ya embarazada, María visita a Elisabet su pariente y “cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo” (Lc. 1:41). O sea, que el Espíritu que estaba en Jesús llenó a Elisabet y a la criatura que estaba en su vientre, es decir, a Juan el Bautista. Jesús siempre anduvo en el Espíritu. Al ser bautizado en el rio Jordán, “los cielos le fueron abiertos, y vio al ESPÍRITU DE DIOS que descendía como paloma y venía sobre él” (Mt. 3: 16). “Entonces Jesús, fue llevado por el ESPÍRITU al desierto, para ser tentado por el diablo” (Mt. 4:1 y Lc. 4:1). Jesús principia su ministerio bajo la unción del Espíritu Santo: “Y Jesús volvió en el poder del ESPÍRITU a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos” (Lc. 4:14). Hay un hecho de cumplimiento profético registrado por Lucas. Es cuando Jesús expone su misión en la sinagoga de Nazaret donde “se le dio el libro del profeta Isaías, y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: EL ESPIRITU DEL SEÑOR está sobre mí, por cuanto me ha UNGIDO para dar nuevas buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lc. 4:16-20). De manera que Jesús, en el momento de su encarnación, en el vientre de su madre, en su bautismo, en la tentación y en su ministerio de enseñanza, sanidad y liberación de demonios, de milagros y prodigios, de misericordia y bondad, siempre anduvo sin pecado y en el Espíritu. ¿Y qué de nosotros los cristianos, qué somos en Cristo? Soy nueva criatura: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (2 Cor. 5:17) para andar en novedad de vida, en el Espíritu. El Apóstol Pablo ordena: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gal. 5: 16).
3) CRISTO SIEMPRE EN ORACION. Cristo estaba en permanente comunicación con su Padre porque estaba en comunión con Él: “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10: 30-33). No hay oración si no hay comunión que es la base de la comunicación permanente entre dos personas: “Lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Jn. 12: 50). “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Jn. 5: 30). Muchos textos bíblicos evidencian una relación íntima de Cristo con su Padre, que indican su andar en oración permanente. Hermano, ya Tú fuiste santificado por la obra de Jesucristo, no dejes de estar en comunión y en permanente comunicación con el Señor a través de la oración y en la presencia del Espíritu Santo para poder “andar como él anduvo” y “seguir sus pisadas”.
Francisco ACEVEDO, Maturín, Venezuela. Noviembre 2018.

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